Cavilaciones

Home  >>  Cavilaciones  >>  Cavilaciones

Cavilaciones

27
Mar,2013

1

Tan vieja como mi pasión fotográfica es mi afición por la escritura. No soy de aquellos fotógrafos que piensan que todo lo que tienen que decir, ya lo dicen sus fotos. Mi opinión es que la imagen es un lenguaje que puede ilustrar o reforzar las reflexiones dialécticas pero no sustituirlas.

Aquí no voy a subir mis cuentos cortos si no algunos artículos relacionados con lo que tiene cabida en un blog fotográfico; cavilaciones sobre este arte o – en mi caso – compulsión creativa.

Y todo empieza con el bendito rollo del apostolado estético…

MANIFIESTO DE MI APOSTOLADO ESTÉTICO

A fecha del 26 de Noviembre de 2009, declaro:

            Que la belleza no existe fuera del alma que la siente y que solo por las similitudes entre las almas hay cosas que una mayoría alcanza a encontrar bellas. La belleza es, pues, una potencia del alma.

            Que el horror en el mundo no niega la belleza, aunque se le oponga y que como la oscuridad y la luz, quizás no sean comprensibles por separado.

            Que la belleza es una de las formas del Bien y que por lo tanto, al servicio del mal se pervierte y pierde su esencia.

            Que la belleza nos hace mejores en cuanto que seres sensibles, salvo cuando la pretendemos, voluntaria o involuntariamente, como máscara y engaño.

            Que la concepción de la belleza es una capacidad primordial del ser humano como tal y uno de los principales conceptos, junto al bien, el amor y la voluntad de evolucionar, que dotan de sentido a la existencia del hombre. O deberían hacerlo…

            Que, no obstante lo anterior, a menudo se la considera un mero lujo prescindible e incluso equivalente a lo funcionalmente inútil. Craso error evolutivo que desperdicia una parte importante de nuestro potencial espiritual.

Asumido lo que precede hasta el punto de no poder permanecer impasible, decido iniciar un apostolado que, desde mis recursos y a pesar de mis limitaciones, pretende:

            Acercar la belleza tanto a las personas de mi entorno como a los desconocidos pues desconocidos fueron en su día la mayoría de las personas de mi entorno.

            Luchar pacíficamente para hacer comprender hasta que punto la belleza, honestamente sentida, buscada y creada, nos humaniza y nos ayuda a trascender nuestras malas herencias atávicas.

            Actuar desde el ejemplo procurando llevar una vida éticamente bella que refleje mis sentimientos y mi pensamiento al respecto, explorando la belleza, generándola, propagándola, desarrollándola y – en definitiva – viviéndola.

            Impedir que esta vocación me lleve a poner en segundo término aquellos valores asociados; el bien, el amor y la voluntad de evolucionar.

            Ser la obra de una sola persona asumiendo así que se opera desde la visión particular de la máxima expresión de la minoría. Y de ello se derivan las siguientes precauciones:

            Evitaré la intolerancia, el proselitismo no solicitado y la pretensión de superioridad hasta allá donde me sea posible.

            Permaneceré abierto a las visiones éticas y estéticas que me sean presentadas, dispuesto incluso a dejarme influir por ellas si llegara el caso.

            Asumiré que mi visión no es necesariamente la respuesta que mi prójimo necesita y, por lo consiguiente, la ofreceré solo como opción o como ampliación de la visión ajena. Nunca como imposición a – o sustitución de – ésta.

Paso a enunciar los que serán los recursos de mi apostolado:

            La fotografía: Ella, metafóricamente, hablará a los ojos. Con ella mostraré mi percepción visual de la estética del mundo y, en especial – por inclinación particular – de la naturaleza.

            La música: Ella hablará de lo abstracto y de lo inefable, aunque también pueda suscitar visiones o sensaciones diversas de los sentidos. Aunque soy un músico intuitivo que se reconoce carente de la formación técnica adecuada y – muy  discutiblemente – se niega a adquirirla, pienso que lo que hago puede considerarse música, siempre que esta se entienda de forma amplia.

            La palabra dicha en presencia física de mis semejantes es una facilidad que siempre he tenido y que, aunque más imprecisa que la escrita en lo intelectual, cuenta con la fuerza añadida del lenguaje corporal y su capacidad de expresión emotiva a niveles no verbales.

            La literatura: Ella hablará al intelecto. Sea a través de la narrativa o del ensayo, de la fantasía o el análisis, considero que parte de mi escasa obra literaria tiene utilidad para el apostolado estético, aunque no siempre sea expresamente pedagógica.

            La ornitología: Entendida como una de las vías de aproximación a la belleza de la naturaleza no solo desde la percepción visual si no también como ejemplo de la maravillosa complejidad de la evolución y su diversidad infinita en las interrelaciones y adaptaciones de las especies respecto a su medio y a las demás especies vivas.

            Cualquier otro recurso a mi alcance, incluyendo los transitorios, los fortuitos y las habilidades que pudiera desarrollar en un futuro.

Penúltimas precisiones:

Mi apostolado estético es inseparable de mi individualidad, con sus aciertos y errores, con un desarrollo siempre en marcha por su camino particular. Lo será merito mío cuando resulte efectivo y responsabilidad mía cuando falle.

Últimas precisiones:

            Me parece oportuno aclarar que uso el término “apóstol” y sus derivados acogiéndome a la siguiente definición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española que es vigente en la fecha de creación de este manifiesto: “Propagador de cualquier género de doctrina importante”. Y dentro de esta cita, el término “doctrina” lo adopto bajo las siguientes definiciones de la misma institución: “Enseñanza que se da para instrucción de alguien. Ciencia o sabiduría. Conjunto de ideas religiosas, filosóficas, políticas, etc… sustentadas por una persona o grupo”. Hago hincapié en la acepción “filosóficas” y “una persona”. Aunque uso de la poética religiosa que el término “apostolado” posee, deseo limitarlo a una postura laica, si bien abierta.

            Empleo la palabra y el concepto “estético” en sus más amplios significados y no me parece necesario acotarlos del mismo modo que he hecho con otros términos.

 

MANIPULAR O MANIPULAR

            Con el advenimiento de la era digital y los programas para el tratamiento de imágenes, los foros fotográficos bullen de premisas sobre la pureza de la obra. En la cruzada por defender la fidelidad a la realidad parece que se olvida que toda obra es fruto de un trabajo y que todo trabajo manipula los materiales que le son propios. Cuando se trata de una obra creativa, además, la imaginación mete la cuchara con su infinita capacidad para interpretar, transformar y abstraer la realidad. Si la fotografía es una obra creativa… ¿A qué viene denostar la manipulación? La fotografía es manipulación como lo es a su modo la fontanería; si no puedes manipular, no puedes obrar.

Cuando nos situamos ante el sujeto estamos escogiendo un ángulo y descartando todos los demás, que también conforman la realidad (manipulación del punto de vista). Cuando encuadramos, excluimos la mayor parte de la realidad del ámbito del encuadre para quedarnos con un fragmento concreto (manipulación del campo visual). Cuando disparamos, irremediablemente congelamos la acción (manipulación del continuum temporal) y, en fin, lo que nunca hacemos es “presentar la realidad tal cual es”. No lo hacemos porque, entre otras cosas, no somos capaces de ver toda la realidad; la que conocemos es solo una realidad perceptual, aquella que nuestros receptores sensitivos codifican en señales que el cerebro interpreta siguiendo unos esquemas – ejecutando un hardware y un software, podríamos decir –  que son producto tanto de la selección natural (pez-reptil-mamífero-homínido) como de la “selección cultural” de una época y un lugar.

Dichas pautas cerebrales son las que crean nuestra percepción de la realidad, una percepción que será muy discutible para el ocelote, la abeja, e incluso el chopo, entes todos ellos capaces de percibir de un modo u otro el entorno y reaccionar en consecuencia. Aun si nos permitiéramos el imperialismo de creer que esas no son más que formas inferiores de vida, subsistiría el hecho de que representan procesos de perceptivos muy diferentes del nuestro y que son plenamente funcionales para sus poseedores.

Esta digresión sobre la relatividad del concepto de realidad me ha parecido conveniente para recordar que damos demasiadas cosas por sentado. Lo cual no significa que todo sea relativo y que en consecuencia toda manipulación sea honesta. Si no relativizamos la relatividad, esta no nos servirá de nada.

Regresando al tema principal, ahora que con un clic del botón izquierdo del ratón podemos convertir un rojo tristón en un rojo campeón, corregir la temperatura del color y perfilar el enfoque… ¿Cuáles son los límites? Queda una vez más planteado el milenario dilema de la libertad: ¿Todo lo posible es también legítimo? Ésta es una pregunta que se plantea (o que debería plantearse) en innumerables campos, desde lo comercial hasta el uso de las nuevas tecnologías pasando por el sexo. Y no, no hay una respuesta genérica. Al menos no la puede haber al primitivo estilo de los diez mandamientos: “No robarás”, “No mezclarás la Nocilla y el caviar”, “No forzarás la gama cromática”. La respuesta que la libertad necesita acerca de cuales deberían ser sus límites no puede ser genérica, no puede ser impuesta por una autoridad indiscutible – que no existe – ni puede ser definitiva. Por lo tanto, si la respuesta sobre cuales deberían ser los límites de la libertad no puede ser genérica – si no puede existir un ley que sea valida para todos los casos – bien puede ser específica. Si no puede ser impuesta, quizás cabría consensuarla. Y si no puede ser definitiva, que sea transitoria. Recordad (Memento mori); “Para el ser transitorio, soluciones transitorias”.

Para que sea específica debemos concretar un tema; en este caso, la manipulación de la fotografía digital de pretensiones realistas. Para consensuar unas normas éticas sobre esta cuestión, lo mejor es que cada [email protected] presente sus propuestas y que los conceptos se vayan afinando mediante el debate de forma que surjan tendencias orientadoras. Mi aportación al respecto la plasmaré tras dejar claro que, en un ámbito tan dinámico y reciente como el de la fotografía digital, cualquier  afirmación se hará desde los conocimientos del momento y que nuevos descubrimientos pronto pueden introducir variaciones y matices; soy consciente de lo provisional que es todo esto. Para dotar de sentido común a mis propuestas, me oriento hacia recursos éticos conocidos desde antiguo y lo suficientemente flexibles como para usarse en plena explosión digital. Mi tesis postula que:

* Nadie desea ser engañ[email protected]; [email protected] sí, pero nunca [email protected].

* Para no engañar, ni siquiera involuntariamente, lo primero es no engañarse [email protected] [email protected]

* Si a la honradez le asiste la inteligencia, ni la primera ni la segunda tienen porque estar reñidas con la creatividad.

Si aceptamos estas premisas, para obrar en consecuencia con ellas en la fotografía digital realista, conviene explicar no solo mis criterios – motivo central de este artículo – y también qué es lo que pienso que es lícito hacerle a ese tipo de fotos:

  • Los RAWs me parecen descontrastados y descoloridos en un 25% respecto a lo que veía antes de disparar. Quizás mi cámara no sea Profesional, vale. Pero quizás la tuya tampoco. En consecuencia, mediante el Photoshop, busco recuperar la fuerza de aquello que decidí captar cuando hice la foto, la imagen que me movió a disparar.
  • Para ello no dudo en ajustar niveles, saturación, sombras y luces.
  • También suelo tratar la luminosidad y demás parámetros por zonas mediante selecciones.
  • No vacilo a la hora de mejorar la nitidez empleando la máscara de enfoque.
  • A menudo “tampono” aquellos elementos indeseados que, de ser posible, hubiese evitado a la hora de apretar el obturador, léase; motas de polvo del sensor, porquerías que se adhieren al sujeto y, en general, detalles que estorban la limpieza de elementos que quiero conseguir en el encuadre.
  • Reencuadro a menudo para mejorar la composición inicial de la foto puesto que no siempre las circunstancias permiten una aproximación y un ángulo óptimo para obtener la imagen deseada. 

            Al realizar estos ajustes, insisto, hace falta ser tan honesto como analítico para discernir entre seducción lícita y engaño tramposo. ¿Un ejemplo de lo que considero válido? Retratas una puesta de sol y tamponas (haces desaparecer de la imagen) una lejana torre de alta tensión que estropeaba el ambiente. Lo haces porque se trata de un elemento extraño al tema que quieres mostrar y extraño al modo en que lo deseas mostrar. La foto no es menos realista por no mostrar todo lo que está allí; en pintura figurativa se hace sistemáticamente y si la fotografía es una arte, le corresponden libertades como esa. Tomarnos semejante licencia solo resultaría ilícita cuando nos dedicamos a la documentación de un lugar para usos técnicos tal como lo entendería un perito agrónomo; en ese caso, saber si hay o no un tendido eléctrico en la zona es importante y su omisión, un error.

¿Un ejemplo de trampa?: Fotomontar un paisaje con un arco iris triple y acompañarlo de un texto donde asegures que estás documentando un fenómeno inusual. La misma foto, presentada como fantasía paisajística sería honesta pero mostrarla sin ninguna explicación aclaratoria supondría una maniobra perversa por permitir la duda sobre la realidad del fenómeno. Si el tratamiento de color y demás que le damos a esa imagen es abiertamente creativo (filtros, etc…) ya damos una pista sobre la irrealidad del tercer arco iris pero aun así no está de más aclarar que se trata de un recurso creativo y no de un hecho constatable. Desde luego, aunque el tratamiento de la imagen fuese del todo realista, si presentas un retrato de caballero decimonónico con cabeza de pez, no hace falta aclarar que dicho personaje es imaginario.

Durante los veinticinco años en que usé película diapositiva, no tuve más remedio que plegarme a la imposibilidad de manipular a posteriori la imagen para permitirle alcanzar su plena expresión estética, aun dentro del realismo. ¡La de buenas fotos que ni siquiera llegué a realizar porque lo que estorbaba era insoslayable!¡La de buenas fotos que quedaron taradas por la existencia de un detalle que no puede evitar! Ahora que el progreso tecnológico ha acabado con ese calvario, auto-imponerse limitaciones ya superadas ha pasado a ser un opción personal que no tiene sentido presentar como la única válida. Por eso, volviendo a las razones expuestas más arriba, no entiendo qué significa, en términos de creatividad, “no manipular una imagen”.

Bueno será que estas palabras mías se sometan a debate, pues es debate lo que necesitamos para consensuar colectivamente la ética y sus gradaciones.

Salva Solé.

One Comment so far:

  1. José-María Suárez Domingo dice:

    Hola, Salvador, acabo de descubrir tu blog, lo estoy leyendo con sumo interés por lo interesante y ameno que es. Yo estoy intentando hacer uno pero, me atasco, no tengo tu capacidad de narrativa….pero lo conseguiré.

    Me he parado en este artículo porque hace unos días tuve un debate con otro aficionado que, incluso, no veía el B&N como una expresión…no ve serio la manipulación de los parámetros de las fotos….que la foto hay que presentarla tal cual…..etc, etc. Aunque todos somos libres de opinar, después me arrepentí de entrar al debate. Mi primer argumento sobre el tratamiento posterior fue que, desde que existe la fotografía esto se viene haciendo. Que del blanco y negro, sin mencionar a otros, le invité a ver las obras de Chema Madoz, que sería de sus creaciones si se convirtieran a color….en la poesía hay una “manipulación” en la expresión de la visión de las cosas….en la pintura, igual que en la fotografía, el pintor manipula el paisaje para evitar objetos no deseados, en fín

    Te suelto todo este rollo porque en este artículo me identifico totalmente, creo que no se puede razonar de forma más clara, fácil de entender. Felicidades.

    Lo único que no entendí es tu opinión sobre el formato RAW, no lo usas???

    Un abrazo y suerte en el empleo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *